De cómo se perdió la percepción de la realidad y la honestidad, y de cómo importa un pito haberlas perdido.
Todos los que ya pintamos canas entre aquellos que pelos tienen, ¡qué ufanos andábamos con la estrenada democracia! y ¡cuántas cábalas quedaron en nada!, pues vimos como cambiaron democracia por dictaduras de partidos; de tal suerte que siendo libres en apariencia, esclavos de corruptos y embaucadores somos.
Y a estas alturas, en semejante brete nos vemos que aun teniendo donde elegir, no sabemos cuál fuere mal menor, pues de advenedizos andan preñados los llamados partidos, y en esta suerte de ambigüedad lo difícil se hace imposible pues si unos líderes cuentan lo que se quiere oir otros ni oyen lo que se dice, siendo improbable encontrar honestidad en el noble ejercicio de la política, ya que la mentira se hizo hábito para mantenerse en el poder, y en tal perpetuidad aquellos pocos que tuvieron ideales los perdieron y con ellos su propia identidad; habiéndose convertido el vocablo corrupción -tan antiguo en su alcance como la propia humanidad- en el más usado y practicado en casi todos los estamentos, y trocado la famosa frase que reza "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" en "gobierno sin pueblo, por la saca y para la saca".

