lunes, 13 de febrero de 2017

Gente que viene y va. Pepe el chatarrero.-



Hace unos días me crucé con un chico que tiraba de un carrito de la compra, de esos metálicos que se utilizan en las grandes superficies. Iba cargado de trozos de hierro, chapas, cartones...
Me acordé de Pepe el chatarrero que paseaba por toda la ciudad con su carrito de mano de tres ruedas, probablemente hecho por él mismo. De esto hace ya muchos años. A veces pasaba por mi barrio, rebuscando por aquí y por allá artilugios y piezas que pudiesen ser vendidas en una chatarrería. Era un hombre alto y enjuto, de piel renegrida y correosa, pero lo que más me llamaba la atención de él eran sus ojos oscuros y tristes y sus enormes manos callosas y con cicatrices. Calzaba unas viejas sandalias de cuero, tanto en verano como en invierno, que dejaban al descubierto unos ennegrecidos pies llenos de moretones y rozaduras.
Alguien me contó que vivía solo en el barrio de La Chanca, en una casita con un corral lleno de cacharros; que había perdido a su familia de forma trágica, no recuerdo ya cómo. Seguramente aquellos ojos tristes algo tenían que ver con aquella pérdida, y que las heridas de su corazón eran más profundas que las de sus manos y pies.
Cada vida es un mundo, pero al fin y al cabo, para los otros, solo somos gente que viene y va.