sábado, 12 de mayo de 2018

No conocemos realidades absolutas



   El ser humano tiene capacidades limitadas. Físicamente, por ejemplo, nuestros sentidos son limitados: hay frecuencias que no oímos, objetos microscópicos o tan lejanos que no vemos, etc. Nos vamos ayudando de nuevos conocimientos y de los avances tecnológicos que éstos proporcionan.

   Cuanto más se investiga, cuantos más conocimientos hay, menos podemos abarcar individualmente y sabemos que, aun teniendo todo el conocimiento existente hasta el momento, hay innumerables lagunas,  aparecen más preguntas, hay más por descubrir y cosas que quizá nunca descubramos.

   Todas las limitaciones humanas hacen que nuestra capacidad de razonamiento también sea limitada, aunque haya quien discrepe, pues aun habiendo personas con un intelecto superior que les haga capaces de discurrir mejor que otras, su capacidad de razonamiento seguirá estando limitada por estar sujeta a su propia naturaleza humana. Por ello, no podemos decir que lo que no entendemos desde la razón -como la fe de los creyentes por poner un ejemplo- queda fuera de la realidad, ya que nuestra realidad está sesgada por las limitaciones antes mencionadas.

   Cada civilización, cada sociedad, ha creado una realidad distinta basada en sus características sociales y creencias de la época, suponiendo así que vivían una realidad total, cuando en verdad solo estaban viviendo su versión de la realidad más o menos cercana a una verdad objetiva si es que ésta existe como algo inmutable y permanente. 

   Es por ello una imprudencia despreciar cualquier creencia ajena no irrefutable -con hechos probados y fuera de cualquier duda-  por no atenerse a nuestras capacidades, conocimientos y creencias propias.

lunes, 7 de mayo de 2018

Españoles y sin complejos



   Bien nos retrató Don Miguel de Cervantes, somos más papistas que el Papa, luchamos contra molinos de viento y contra nuestros propios intereses.

   A una gran parte de los españoles, todo lo de fuera les parece mejor; toda moda y toda costumbre que haga olvidar las propias, la aceptamos sin más, sin pensar; ahí tenemos a Papá Noel (el buen San Nicolás), halloween (nuestra víspera de todos los santos), los vaqueros rotos o los llamados “cagaos” y cualquier cosa por horrible o poco nuestra nuestra que sea, siempre que suponga copiar a otros que tienen mucho menos historia y menos recorrido cultural que nosotros.

   Quizá, uno de los motivos de esto, es que no conocemos bien nuestra propia cultura, nuestro propio idioma, nuestra riqueza artística y todo nuestro patrimonio material e inmaterial; y así, dejamos que nos vendan cualquier cosa o idea, por ridícula que sea, a base de inundarnos diariamente con una propaganda masiva. Eso sí que es una “comedura de coco” y no la filosofía, nuestra literatura -mucha y buena, que la hay-, nuestras variadas costumbres, nuestra magnífica gastronomía, nuestros ricos y expresivos dialectos, etc.

   La pantomima de los seriales americanos (salvo pocas excepciones) están haciendo más daño de lo que creemos, pues nos muestran un mundo que no existe ni en América ni en ninguna otra parte, además, trastocan valores éticos elementales: si no has tenido éxito profesional eres un fracasado, si no tienes reconocimiento social (en la pandilla, en el colegio, en el trabajo...) te conviertes en un marginado. Obviando así lo realmente importante para el ser humano y llenando nuestra cabeza de frivolidades que nos llevan a desear cosas que nos sirven para nada o que son nocivas para nuestra salud mental y física.

   Por otro lado, desde el punto de vista de la ciencia o del arte, vemos como nos hablan de la NASA, el MIT, de las famosas universidades americanas, inglesas o francesas. Pues bien, en esos lugares hay muchísimos españoles trabajando. Tenemos grandes médicos, investigadores, arquitectos, ingenieros, pintores, publicistas, …, reconocidos mundialmente, y muchos de ellos han estudiado aquí, en España. Y seguimos creyendo que para hacer un buen edificio tiene que venir un arquitecto de otro país -mejor si es de otro continente-, o que para hacer una excelente intervención quirúrgica tenemos que ir a un hospital de Estados Unidos para ver si nos encontramos con el doctor House.

   También somos aficionados a machacarnos con temas como el imperio colonial de hace siglos. Los ingleses, los franceses o los belgas, no tienen estos problemas de conciencia del pasado, pues las costumbres, ideas y cultura eran muy distintas hace siglos; y de ninguna forma, en general, puede decirse que nos portásemos peor que ellos en nuestras colonias. O con la inquisición española, exagerada en todo lo negativo. No digo que no reconozcamos los errores, pero tampoco nos flagelemos públicamente por cosas que sucedieron hace cientos de años en un entorno y cultura que apenas podemos comprender en profundidad desde la perspectiva actual. Parece que tenemos una necesidad morbosa de airear todo lo más negro de nuestro pasado y de nuestro presente, buscando con lupa todo lo malo que hay y sin dar ningún reconocimiento hacia todo lo bueno que hemos recibido y que aún tenemos.

sábado, 5 de mayo de 2018

Un trozo de cielo desde mi ventana


Un trozo de cielo desde mi ventana.
Un atardecer de grises y azules.
El pardo rojizo de los abedules.
El triste tañido de la alta campana.

La torre más alta, silueta alargada,
donde golondrinas de figura esbelta
gorjean y vuelan de forma resuelta,
da sombra a la calle de cuesta empinada.

Un trozo de cielo desde mi ventana
ve pasar el tiempo entre sueños y anhelos,
los días, los años de una vida ufana.

Alegrías, penas y tristes consuelos.
El eco lejano de una vieja nana.
Desde mi ventana mirando los cielos.

(pmartimor)

Dedicado a mi hermana Auri.

   Los versos dodecasílabos son poco utilizados en los sonetos. El verso dodecasílabo viene del S. XV, tiene un ritmo pegadizo, repetitivo y machacón, por ello en el Renacimiento se empezaron a utilizar los endecasílabos más elegantes y articulados en tres ejes rítmicos. Es muy común el recurso poético de dar la vuelta a la idea del verso 'maestro o de estribillo' para causar un efecto final que reitere la idea principal.