El ser humano tiene capacidades limitadas. Físicamente, por
ejemplo, nuestros sentidos son limitados: hay frecuencias que no oímos, objetos
microscópicos o tan lejanos que no vemos, etc. Nos vamos ayudando de nuevos
conocimientos y de los avances tecnológicos que
éstos proporcionan.
Cuanto más se investiga, cuantos más conocimientos hay,
menos podemos abarcar individualmente y sabemos que, aun teniendo todo el
conocimiento existente hasta el momento, hay innumerables lagunas, aparecen más preguntas, hay más por descubrir
y cosas que quizá nunca descubramos.
Todas las limitaciones humanas hacen que nuestra capacidad
de razonamiento también sea limitada, aunque haya quien discrepe, pues aun habiendo
personas con un intelecto superior que les haga capaces de discurrir mejor que
otras, su capacidad de razonamiento seguirá estando limitada por estar sujeta a su propia naturaleza humana. Por ello, no podemos decir que lo que no
entendemos desde la razón -como la fe de los creyentes por poner un ejemplo- queda fuera de la realidad, ya que nuestra realidad está sesgada por
las limitaciones antes mencionadas.
Cada civilización, cada sociedad, ha creado una realidad
distinta basada en sus características sociales y creencias de la época, suponiendo
así que vivían una realidad total, cuando en verdad solo estaban viviendo su
versión de la realidad más o menos cercana a una verdad objetiva si es que ésta
existe como algo inmutable y permanente.
Es por ello una imprudencia despreciar cualquier creencia ajena no irrefutable -con hechos probados y fuera de cualquier duda- por no atenerse a nuestras capacidades, conocimientos y creencias propias.
Es por ello una imprudencia despreciar cualquier creencia ajena no irrefutable -con hechos probados y fuera de cualquier duda- por no atenerse a nuestras capacidades, conocimientos y creencias propias.


