sábado, 12 de mayo de 2018

No conocemos realidades absolutas



   El ser humano tiene capacidades limitadas. Físicamente, por ejemplo, nuestros sentidos son limitados: hay frecuencias que no oímos, objetos microscópicos o tan lejanos que no vemos, etc. Nos vamos ayudando de nuevos conocimientos y de los avances tecnológicos que éstos proporcionan.

   Cuanto más se investiga, cuantos más conocimientos hay, menos podemos abarcar individualmente y sabemos que, aun teniendo todo el conocimiento existente hasta el momento, hay innumerables lagunas,  aparecen más preguntas, hay más por descubrir y cosas que quizá nunca descubramos.

   Todas las limitaciones humanas hacen que nuestra capacidad de razonamiento también sea limitada, aunque haya quien discrepe, pues aun habiendo personas con un intelecto superior que les haga capaces de discurrir mejor que otras, su capacidad de razonamiento seguirá estando limitada por estar sujeta a su propia naturaleza humana. Por ello, no podemos decir que lo que no entendemos desde la razón -como la fe de los creyentes por poner un ejemplo- queda fuera de la realidad, ya que nuestra realidad está sesgada por las limitaciones antes mencionadas.

   Cada civilización, cada sociedad, ha creado una realidad distinta basada en sus características sociales y creencias de la época, suponiendo así que vivían una realidad total, cuando en verdad solo estaban viviendo su versión de la realidad más o menos cercana a una verdad objetiva si es que ésta existe como algo inmutable y permanente. 

   Es por ello una imprudencia despreciar cualquier creencia ajena no irrefutable -con hechos probados y fuera de cualquier duda-  por no atenerse a nuestras capacidades, conocimientos y creencias propias.

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