Cuando llega la
noche, los miedos se adormecen, estoy más vivo; tanto que no quisiera que
llegara otro amanecer para seguir con la rutinaria lucha. Mi imaginación se
dispara: leo, escribo, improviso; aunque mi cuerpo esté cansado, mi mente tiene
ganas de salir a la calle y correr, volar. Pero esa maldita costumbre de ser
consciente del día siguiente, estérilmente razonable, hace que vuelva a una
realidad irreal, que los meses, años, pasen como un sueño recurrente lleno de
tonos grises, de miles de variaciones de lo mismo.

El otro lado de la noche...que nos descubre... Que nos aviva, ante una realidad que a veces quisiéramos ignorar...
ResponderEliminar