domingo, 17 de julio de 2016

Microrrelatos: Otra vida

El primer vehículo de cuatro ruedas que pude comprar fue un Citroën GS de tercera mano. Un buen coche.
En aquellos años el radio-casete era lo más moderno que podíamos encontrar como sistema de audio para los utilitarios. Yo había instalado uno nuevecito en el salpicadero, el mismo que me robaron la noche del sábado siguiente. En principio, un disgusto, pero eché a rodar mi red de información que consistía en un grupo de conocidos del barrio que se movían en esos ambientes de intercambio de objetos robados.
Al día siguiente, Roberto, más o menos asiduo en la antigua pandilla, llegó con el casete y me lo entregó como signo de amistad. Yo sabía que él no había sido el autor del robo, aunque era dado a gastar ciertas bromas pesadas, además, no sé exactamente por qué, a mí me tenía un especial aprecio.
Remontándonos años atrás, recuerdo que Roberto vivía solo en casa desde los quince años. Sus padres habían comprado una nueva casa en otra zona de la ciudad y, como era hijo único, le dejaron la casa del barrio para que la cuidara. Solo salía del barrio a la hora de comer para ir a casa de sus padres, otras veces ni eso, pues su madre le traía la compra para varios días y él se las apañaba bien.
Roberto solo había ido a la escuela de educación primaria. Una auténtica pena, porque era una de las personas más inteligentes que he conocido. Con solo unos libros sobre electrónica, montaba o arreglaba cualquier cacharro que caía en sus manos.
Era bien parecido por lo que, durante el tiempo que le seguí la pista, nunca le faltó compañía femenina. No tenía pereza para montar guateques en su casa que disfrutaba en compañía de los más allegados. Era un organizador nato; cuando él se ponía, hacía las cosas a lo grande. Sus ideas solían ser originales y divertidas, y a veces peligrosas.
Pero un problema apareció en su vida, el problema endémico de la droga de ese tipo de barrios y de jóvenes que querían dinero rápido y con poco esfuerzo. Sus padres prácticamente casi se desentendieron de él, o más bien diría que ambas partes se fueron alejando.
La verdad es que su integración en el mundo de la pandilla, creada alrededor de un hogar juvenil que había en el barrio y formada por veintiún chavales de casi la misma edad, nunca fue definitiva. Él llevaba sus vidas paralelas y rara vez se cruzaban, pues inteligentemente trataba de evitar el mezclar al grupo en sus trapicheos, quizá para salvaguardar de alguna forma un ambiente más sano donde poder respirar cuando se encontraba agobiado.
Alguna vez pasé por un taller de motocicletas que había montado cerca del barrio. Me llamó la atención la gran cantidad de clientes que tenía, pues solo llevaba unos meses en el negocio. Luego me enteré de que se había hecho un experto en un corto periodo de tiempo. Indudablemente, este chico era un portento. Detrás de una sonrisa guasona, de una mirada viva y de un aspecto algo abandonado, había un diamante en bruto con una agudeza casi hiriente, pues sabía siempre poner el dedo en la llaga y los puntos sobre las íes.
Unas semanas después de mi visita supe de que había cerrado el negocio. Había terminado con la misma rapidez con que había despegado. La verdad es que esto no me sorprendió demasiado pues, conociéndole y sabiendo que para él todo era un juego, no me extrañaban esos altibajos.
Pasados unos años, a la vuelta de mi periplo por el ejército, me dijeron que se había sumergido en el mundo de la droga y que había sido encarcelado.
Un día me lo encontré trabajando de portero en un teatro de la ciudad. Le saludé afectuosamente, con verdadero cariño, pero también disimulé mi asombro, pues estaba tremendamente envejecido; sus ojos apenas brillaban y su voz alegre se había convertido en un susurro. La cárcel y la droga le habían pasado por encima como una auténtica apisonadora. Años después supe de su muerte en un hospital de la ciudad.



sábado, 16 de julio de 2016

Microrrelatos: Cuando llega la noche

Cuando  llega la noche, los miedos se adormecen, estoy más vivo; tanto que no quisiera que llegara otro amanecer para seguir con la rutinaria lucha. Mi imaginación se dispara: leo, escribo, improviso; aunque mi cuerpo esté cansado, mi mente tiene ganas de salir a la calle y correr, volar. Pero esa maldita costumbre de ser consciente del día siguiente, estérilmente razonable, hace que vuelva a una realidad irreal, que los meses, años, pasen como un sueño recurrente lleno de tonos grises, de miles de variaciones de lo mismo.


martes, 10 de marzo de 2015

El sistema

Haz Click en este enlace: De dónde viene el dinero   y espera unos segundos para que se cargue el vídeo.

   Vivimos en un sistema que va destruyendo los principios generales de la ética: el respeto al ser humano, la protección de los más vulnerables, la búsqueda del bien, la justicia,..
   Olvidemos la vieja lucha de la izquierda contra la derecha, de republicanos contra demócratas, pues es solo un espejismo, un entretenimiento, un ardid de la plutocracia.
    Lo que intenta mostrar esta pirámide, no es una teoría de la conspiración, no es algo hipotético; es sencillamente cómo funciona el mundo.
   La riqueza en manos de unos pocos que manejan los hilos de la economía mundial y que tratan de vendernos un ideal de vida absolutamente materialista, ya no para acaparar más riqueza, que les sobra, sino porque quieren tener el poder aunque para ello haya que imponer un modelo de comportamiento totalmente deshumanizado, a pesar de que muchas de las instituciones creadas por esta élite prediquen lo contrario.¿Tenemos capacidad para organizarnos y romper el sistema?




martes, 24 de febrero de 2015

De cómo se perdió la percepción de la realidad y la honestidad, y de cómo importa un pito haberlas perdido.


De cómo se perdió la percepción de la realidad y la honestidad, y de cómo importa un pito haberlas perdido.

Todos los que ya pintamos canas entre aquellos que pelos tienen, ¡qué ufanos andábamos con la estrenada democracia! y ¡cuántas cábalas quedaron en nada!, pues vimos como cambiaron democracia por dictaduras de partidos; de tal suerte que siendo libres en apariencia, esclavos de corruptos y embaucadores somos.

Y a estas alturas, en semejante brete nos vemos que aun teniendo donde elegir, no sabemos cuál fuere mal menor, pues de advenedizos andan preñados los llamados partidos, y en esta suerte de ambigüedad lo difícil se hace imposible pues si unos líderes cuentan lo que se quiere oir otros ni oyen lo que se dice, siendo improbable encontrar honestidad en el noble ejercicio de la política, ya que la mentira se hizo hábito para mantenerse en el poder, y en tal perpetuidad aquellos pocos que tuvieron ideales los perdieron y con ellos su propia identidad; habiéndose convertido el vocablo corrupción -tan antiguo en su alcance como la propia humanidad- en el más usado y practicado en casi todos los estamentos, y trocado la famosa frase que reza "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" en "gobierno sin pueblo, por la saca y para la saca".

viernes, 6 de febrero de 2015

¿Qué fuimos?


Porque a veces el tiempo regresa entre los sueños para recuperar lo que fuimos en esa fértil levadura que es la vida desarrollándose todos los días y no dejar nunca de asombrarnos.
Y ¿qué fuimos en realidad?, ¿no habremos idealizado aquello que creemos que fuimos?, quizá lo más importante esté en aceptarse día a día. El tiempo no nos quema, nos refina...