Con
un grano de oro comprarás muchos granos de semilla, pero el oro nunca
será semilla.
Así, la belleza estéril siempre será celebrada por su
esplendor, pero nunca arraigará en tu corazón.
lunes, 6 de agosto de 2018
domingo, 3 de junio de 2018
Dejé mi primavera en el jardín
Dejé mi primavera en el jardín
junto con la nostalgia y el olvido,
bajo las parras secas que años atrás planté.
Ahora paseo a cielo abierto,
respirando el perfume de la vida;
cada minuto es una primavera,
un mar, un firmamento, una vida entera.
(pmartimor)
sábado, 12 de mayo de 2018
No conocemos realidades absolutas
El ser humano tiene capacidades limitadas. Físicamente, por
ejemplo, nuestros sentidos son limitados: hay frecuencias que no oímos, objetos
microscópicos o tan lejanos que no vemos, etc. Nos vamos ayudando de nuevos
conocimientos y de los avances tecnológicos que
éstos proporcionan.
Cuanto más se investiga, cuantos más conocimientos hay,
menos podemos abarcar individualmente y sabemos que, aun teniendo todo el
conocimiento existente hasta el momento, hay innumerables lagunas, aparecen más preguntas, hay más por descubrir
y cosas que quizá nunca descubramos.
Todas las limitaciones humanas hacen que nuestra capacidad
de razonamiento también sea limitada, aunque haya quien discrepe, pues aun habiendo
personas con un intelecto superior que les haga capaces de discurrir mejor que
otras, su capacidad de razonamiento seguirá estando limitada por estar sujeta a su propia naturaleza humana. Por ello, no podemos decir que lo que no
entendemos desde la razón -como la fe de los creyentes por poner un ejemplo- queda fuera de la realidad, ya que nuestra realidad está sesgada por
las limitaciones antes mencionadas.
Cada civilización, cada sociedad, ha creado una realidad
distinta basada en sus características sociales y creencias de la época, suponiendo
así que vivían una realidad total, cuando en verdad solo estaban viviendo su
versión de la realidad más o menos cercana a una verdad objetiva si es que ésta
existe como algo inmutable y permanente.
Es por ello una imprudencia despreciar cualquier creencia ajena no irrefutable -con hechos probados y fuera de cualquier duda- por no atenerse a nuestras capacidades, conocimientos y creencias propias.
Es por ello una imprudencia despreciar cualquier creencia ajena no irrefutable -con hechos probados y fuera de cualquier duda- por no atenerse a nuestras capacidades, conocimientos y creencias propias.
lunes, 7 de mayo de 2018
Españoles y sin complejos
Bien nos retrató Don Miguel de
Cervantes, somos más papistas que el Papa, luchamos contra molinos
de viento y contra nuestros propios intereses.
A una gran parte de los españoles,
todo lo de fuera les parece mejor; toda moda y toda costumbre que
haga olvidar las propias, la aceptamos sin más, sin pensar; ahí
tenemos a Papá Noel (el buen San Nicolás), halloween (nuestra
víspera de todos los santos), los vaqueros rotos o los llamados
“cagaos” y cualquier cosa por horrible o poco nuestra nuestra que
sea, siempre que suponga copiar a otros que tienen mucho menos
historia y menos recorrido cultural que nosotros.
Quizá, uno de los motivos de esto, es
que no conocemos bien nuestra propia cultura, nuestro propio idioma,
nuestra riqueza artística y todo nuestro patrimonio material e
inmaterial; y así, dejamos que nos vendan cualquier cosa o idea, por
ridícula que sea, a base de inundarnos diariamente con una
propaganda masiva. Eso sí que es una “comedura de coco” y no la
filosofía, nuestra literatura -mucha y buena, que la hay-, nuestras
variadas costumbres, nuestra magnífica gastronomía, nuestros ricos
y expresivos dialectos, etc.
La pantomima de los seriales
americanos (salvo pocas excepciones) están haciendo más daño de lo
que creemos, pues nos muestran un mundo que no existe ni en América
ni en ninguna otra parte, además, trastocan valores éticos
elementales: si no has tenido éxito profesional eres un fracasado,
si no tienes reconocimiento social (en la pandilla, en el colegio, en
el trabajo...) te conviertes en un marginado. Obviando así lo
realmente importante para el ser humano y llenando nuestra cabeza de
frivolidades que nos llevan a desear cosas que nos sirven para nada o
que son nocivas para nuestra salud mental y física.
Por otro lado, desde el punto de vista
de la ciencia o del arte, vemos como nos hablan de la NASA, el MIT,
de las famosas universidades americanas, inglesas o francesas. Pues
bien, en esos lugares hay muchísimos españoles trabajando. Tenemos
grandes médicos, investigadores, arquitectos, ingenieros, pintores,
publicistas, …, reconocidos mundialmente, y muchos de ellos han
estudiado aquí, en España. Y seguimos creyendo que para hacer un
buen edificio tiene que venir un arquitecto de otro país -mejor si
es de otro continente-, o que para hacer una excelente intervención
quirúrgica tenemos que ir a un hospital de Estados Unidos para ver
si nos encontramos con el doctor House.
También somos aficionados a machacarnos con temas como el imperio colonial de
hace siglos. Los ingleses, los franceses o los belgas, no tienen
estos problemas de conciencia del pasado, pues las costumbres, ideas
y cultura eran muy distintas hace siglos; y de ninguna forma, en general, puede
decirse que nos portásemos peor que ellos en nuestras colonias. O
con la inquisición española, exagerada en todo lo negativo. No
digo que no reconozcamos los errores, pero tampoco nos flagelemos públicamente por cosas que sucedieron hace cientos de años en un
entorno y cultura que apenas podemos comprender en profundidad desde
la perspectiva actual. Parece que tenemos una necesidad morbosa de
airear todo lo más negro de nuestro pasado y de nuestro presente,
buscando con lupa todo lo malo que hay y sin dar ningún
reconocimiento hacia todo lo bueno que hemos recibido y que aún
tenemos.
sábado, 5 de mayo de 2018
Un trozo de cielo desde mi ventana
Un trozo de cielo desde mi ventana.
Un atardecer de grises y azules.
El pardo rojizo de los abedules.
El triste tañido de la alta campana.
La torre más alta, silueta alargada,
donde golondrinas de figura esbelta
gorjean y vuelan de forma resuelta,
da sombra a la calle de cuesta empinada.
Un trozo de cielo desde mi ventana
ve pasar el tiempo entre sueños y anhelos,
los días, los años de una vida ufana.
Alegrías, penas y tristes consuelos.
El eco lejano de una vieja nana.
Desde mi ventana mirando los cielos.
(pmartimor)
Dedicado a mi hermana Auri.
Los versos dodecasílabos son poco utilizados en los sonetos. El verso dodecasílabo viene del S. XV, tiene un ritmo pegadizo, repetitivo y machacón, por ello en el Renacimiento se empezaron a utilizar los endecasílabos más elegantes y articulados en tres ejes rítmicos. Es muy común el recurso poético de dar la vuelta a la idea del verso 'maestro o de estribillo' para causar un efecto final que reitere la idea principal.
domingo, 29 de abril de 2018
El soneto rebelde
Ante una hoja de papel en blanco
quedo como mirando a cielo abierto,
apenas sé expresarme con acierto
ni seguir adelante si me atranco.
Sigo empeñado en un soneto incierto;
soy corredor de fondo cojo y manco
que ahora se encuentra al borde de un barranco.
Decidme, ¿cómo salgo de este entuerto?
Si a veces voy escapando del apuro
y aparecen las musas cual encanto,
otras tropiezo con espeso muro.
Aquí sigo sentado, y entre tanto,
voy sintiéndome ya en lugar seguro;
¡presto acabo este verso y me levanto!.
(pmartimor)
Dedicado a mis compañeros del curso Herramientas Tecnológicas Básicas para la Gestión de la Información.
lunes, 13 de febrero de 2017
Gente que viene y va. Pepe el chatarrero.-
Hace unos días me crucé con un chico que tiraba de un
carrito de la compra, de esos metálicos que se utilizan en las grandes
superficies. Iba cargado de trozos de hierro, chapas, cartones...
Me acordé de Pepe el chatarrero que paseaba por toda la
ciudad con su carrito de mano de tres ruedas, probablemente hecho por él mismo.
De esto hace ya muchos años. A veces pasaba por mi barrio, rebuscando por aquí
y por allá artilugios y piezas que pudiesen ser vendidas en una chatarrería.
Era un hombre alto y enjuto, de piel renegrida y correosa, pero lo que más me
llamaba la atención de él eran sus ojos oscuros y tristes y sus enormes manos
callosas y con cicatrices. Calzaba unas viejas sandalias de cuero, tanto en verano
como en invierno, que dejaban al descubierto unos ennegrecidos pies llenos de
moretones y rozaduras.
Alguien me contó que vivía solo en el barrio de La Chanca,
en una casita con un corral lleno de cacharros; que había perdido a su familia
de forma trágica, no recuerdo ya cómo. Seguramente aquellos ojos tristes algo
tenían que ver con aquella pérdida, y que las heridas de su corazón eran más
profundas que las de sus manos y pies.
Cada vida es un mundo, pero al fin y al cabo, para los
otros, solo somos gente que viene y va.
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